sábado, 12 de enero de 2019

Ni el feminismo ni la violencia machista es cosa de mujeres, es de la sociedad



Algunos hombres y algunas mujeres piensan que el feminismo es únicamente cosa de mujeres al igual que creen que mantener la casa limpia, llenar la nevera o criar a los peques es cosa de ellas o del mismo modo sostienen que la tecnología, el fútbol o los negocios son cosa de hombres. Esta forma de pensar de algunos hombres y de algunas mujeres hace que el feminismo exista. El feminismo existe gracias a los demás hombres y a las demás mujeres que no piensan como los anteriores. Es por esto que ni el feminismo ni ninguna otra reivindicación social debe ser excluyente, porque el crecimiento de la sociedad es un valor de la humanidad, y la humanidad se conforma por hombres y mujeres (en general entiéndase persona de cualquier edad).

Está ocurriendo lo que tantas veces negamos, que si el feminismo es sólo cosa de mujeres, que los hombres no tienen que opinar, que no pararemos hasta que un hombre sienta miedo al caminar solo por la calle… ¿Ejércitos de mujeres repartiendo leches a diestro y siniestro siempre que el sujeto tenga pene? La guerra que constantemente negamos parece ser buscada tras haber puesto a muchos de esos hombres del lado feminista, reconocido como la igualdad, como un movimiento que incluye a toda la sociedad. ¿Dónde quedan esas voces? Ahora sólo escucho rugidos excluyentes, agresivos y que pretenden compartir un odio hacia la mitad de la población, hacia los hombres a modo de venganza. Existen voces, escuchémoslas y gritemos nosotros también.

Seguramente las opiniones que nuestra mente crea sobre un determinado tema expuesto variarían si no supiéramos quién las ha expresado, sin saber previamente si ha sido un hombre o ha sido una mujer, o si ha sido una española o un colombiano, o si el locutor ha cursado la educación obligatoria o es un ente con antecedentes de buena familia. O si se trata de alguien popular que con lo que dice vale más.

El feminismo no excluye ni en la teoría, ni en las manifestaciones, ni a la hora de expresar opiniones porque en ello precisamente consiste: en que todas y todos podamos expresarnos y valorarnos de un modo igualitario sin ser desprestigiado por el tipo de órgano reproductor, nacionalidad, hormonas, orientación o número de orejas. Básicamente lo que aparece descrito en el artículo número 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que tiene más años que muchas de nosotras.

Cuanta más gente se sienta integrada y comprendida en el modo de vida feminista, menos quedarán para la animación de las fieras machistas que todavía demandan una raza inferior que les permita mantener la estructura piramidal que conforma, todavía hoy, la sociedad mundial. Para reivindicar lo que es nuestro, de todos, no es necesario amenazar al de al lado por un deseo personal de sufrimiento similar al propio. Esto sería una venganza en la que, vaticino, nadie sale ganando. Como ocurre en la educación, no se trata de convencer a base de intimidaciones y, lo queramos o no, debemos convencernos todos de que eso de tener los mismos derechos debe ser ejecutado en la práctica como nunca se ha hecho antes. Con convencimiento no hay sometimiento. Sobran las amenazas.


Sin embargo sí me gusta la idea que expresa Anabel Alonso en un tuit“¿Qué os parece que cada vez que utilicen el término FEMINAZI utilicemos MACHISTASESINO?”. 

Y es que no existe tal feminazismo del que, al menos por ahora (y esto no pretende avisar de nada sino retratar la realidad actual), ningún grupo social ni animal tenga que sentir miedo, desconfianza, pavor o siquiera inquietud. En el feminismo sólo existe el respeto. El feminismo busca respeto pero antes debe conseguir la igualdad.


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